sábado, 20 de enero de 2018

Zampullín cuellirrojo (I): En Luanco.

Aprovechamos que estaba todo el mundo en la cabalgata de reyes para ir mi hijo y yo al puerto de Luanco a buscar al zampullín cuellirrojo (Podiceps auritus) del que me habían enseñado buenas fotos varios amigos.











Efectivamente, no tardó en aparecer, aunque al principio nos dio la espalda.


















Pero esta vez tuvimos suerte y se nos fue acercando poco a poco.








Ya a esta larga distancia es un ave hermosísima, con unos colores y líneas tan contrastados que pese a la cercanía al zampullín cuellinegro, resulta del todo inconfundible.









Pero fue cuando se nos quedó a unos 10 metros de distancia cuando de verdad lo disfrutamos.















Una maravilla, mostrándonos ese ojo rojo sangre. Si le ves a simple vista la pupila negra es que estás muy muy cerca.
Había visto en invierno otro ejemplar en Gijón, y algunos más diseminados por el Cantábrico hace más de 5 años, pero ninguno tan cercano.








Que no llamen a engaño las fotos: siempre se mantuvo más tiempo debajo del agua que encima.











De hecho, la foto más frecuente es ésta...










Como veis en este minivídeo, duraba en la superficie del agua lo que dura una ráfaga de la cámara.











miércoles, 17 de enero de 2018

Buen año de lúganos en Gijón

Esta siendo un buen invierno de lúganos (Carduelis spinus) en Gijón, con concentraciones en el Parque Fluvial del Piles y lagunas de Granda cercanos al centenar de ejemplares.










Como es típico de aves que vienen en abundancia coincidiendo con grandes cosechas de semillas de aliso, y combinadas con inviernos fríos, hay años en los que son escasos, pero este invierno la irregularidad hace que toque buenos bandos por los tramos fluviales asturianos.

lunes, 15 de enero de 2018

Correlimos oscuros en Gijón

Aunque pasan desapercibidos entre la avifauna costera gijonesa, los correlimos oscuros (Calidris maritima) siguen siendo un hit de la Bahía.











Acostumbrados como estábamos a ver muchos en décadas pasadas, se ha ido enrareciendo y hubo años en estos últimos inviernos que se veían 2, 3 ó ninguno en cada visita al Rinconín.











Este año se están viendo más, diseminados, hasta la docena, pero cuando se juntan bastantes es un bonito espectáculo.










Mezclados entre los vuelvepiedras (Arenaria interpres), como siempre, había 8 ejemplares en una misma roca hace un par de semanas. 7 entraban en esta foto. Los tenéis señalados.











Siempre tan limpios, pasan mucho rato atusándose y descansando, como veis en el minivídeo.













No es que sea gran cosa, pero estos pequeños contingentes que se mantienen dan esperanzas de una recuperación futura, eso espero.













Mezclado entre la multitud, un chorlito gris (Pluvialis squatarola) que desentonaba del grupo por su gran tamaño.












Para ser una simple roca, dio mucho juego.

miércoles, 10 de enero de 2018

Colimbo grande en el Arbeyal

Comenzó el invierno dando bandazos pero en general frío, y nos está trayendo escasos regalos pero señalados, uno de ellos este colimbo grande (Gavia immer) a la playa del Arbeyal.










A pesar de la lejanía de la cita, me alegré mucho, este juvenil es el primer colimbo que veía en Gijón en los 2 últimos inviernos, así que fue un alivio, ya pensé que esta especie iba a ser otra de las muchas que ha desaparecido del invierno gijonés.





Enseguida se marchó volando hacia el Musel, donde sigue, acompañado de otro juvenil de la misma especie.










Esperemos que aguante mucho tiempo, y que tal y como me comentan los amigos que está sucediendo, se junte con otras aves marinas invernales típicas del querido Rendiello por estas fechas.








Más lejos aún, se veía la silueta de un zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis), hay ahora varios ejemplares en la zona.

lunes, 8 de enero de 2018

La gaviota de Delaware del Parque Ferrera de Avilés

Me acerqué a buscar la gaviota de Delaware (Larus delawarensis) que llevaba unos días estas navidades en el avilesino parque de Ferrera y no hizo falta mucho esfuerzo.










Estaba muy tranquila, acompañada de varias decenas de gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus).












Como veis, es un primer invierno. Lo normal es que ya hubiese aparecido una o varias por Gijón, pero parece que estos últimos años se decantan por localidades más occidentales como Gozón o Avilés.










Pese al trasiego navideño de gente, se pudo observar perfectamente, y fotografiar.











La garza real (Ardea cinerea) que estaba al lado también aguantó la presencia humana sin problemas, e incluso cuando tiraban comida al estanque se acercó a fisgar qué había.












Me acerqué después a otro parque cercano para intentar localizar a un mosquitero bilistado también relocalizado por muchos amigos, pero no tuve tanta suerte. Sí pude ver algunos carboneros garrapinos (Periparus ater).








También agateadores comunes, bisbitas pratenses, y sobre todo, muchos pinzones vulgares (Fringilla coelebs), como este macho...











...o esta hembra. Está siendo un invierno muy fuerte de pinzones, con ejemplares en todas partes.


domingo, 7 de enero de 2018

Dormideros en el Parque Isabel

Es todo un espectáculo madrugar antes del amanecer para ver cómo se despiertan los dormideros del Parque Isabel de Gijón. Se monta todo un estruendo en los minutos en los que se junta la algarabía de urracas, tórtolas turcas, estorninos pintos (Sturnus vulgaris) y garcillas bueyeras (Bubulcus ibis).







Para ver las casi 400 garcillas bueyeras que duermen aquí hay que llegar de noche, porque enseguida se dispersan.













Aunque sin duda el mayor espectáculo es ver la dispersión de los miles de estorninos y oír el estruendo de su batir de alas.













Las bueyeras, más discretas, van marchándose de una en una. En pocos minutos no quedará ni una.

viernes, 5 de enero de 2018

Porrón acollarado y silbones americanos: Bien pero lejos.

No todos los días se ven 2 especies nuevas de ave, y eso es un alegrón, pero los vi tan lejos y en tan malas condiciones atmosféricas que el disfrute fue menor de lo esperado.




A la porrona acollarada (Aythya collaris) la vi enseguida, ya que no paraba de zambullirse, y la combinación de colores es sencilla de distinguir de cualquier otra especie de porrón.





Sin embargo, las condiciones aquella mañana de diciembre en la ría del Eo eran malas, con lluvia, niebla y al menos 400 metros entre los patos y yo, así que se hizo lo que se pudo al telescopio, y con la cámara ya fue casi heróico sacar algo medio decente.







La acompañaba un macho de porrón moñudo (Aythya fuligula), y era tal la distancia que mantuve la duda de si sería macho de acollarado hasta que consulté con amigos que habían estado en mejores condiciones y me confirmaron que era macho de moñudo.



Os dejo un cutrevídeo de estos 2 porrones.















Los silbones americanos (Anas americana), pese a ser de mayor tamaño, y, al menos los machos, más llamativos, estaban todavía más lejos, así que costó un montón localizar a los 2 machos y 2 hembras.


Los machos, con la gran franja verde y la corona blanca pura eran fáciles de seguir, pero las hembras aunque acababas de hacerte a su cabeza grisácea, más que nada por comparación, no eran a esa distancia tan sencillas de localizar.




A esto se unía la gran cantidad de silbones europeos (Anas penelope), por encima de los 50, que rodeaban al cuarteto forastero, haciendo complicada la identificación.







Había además una media docena de ánades frisos (Anas strepera) y rabudos (Anas acuta), y unos 30 azulones (Anas platyrynchos).
Es fácil ver a los 4 silbones americanos en estos 2 vídeos que os traigo.











La calidad, como veis, brilla por su ausencia, es lo que se pudo hacer.














A las que pude ver al lado fue a las 10 espátulas (Platalea leucorodia), acompañadas de algunas garcetas comunes (Egretta garzetta), y de una garza real (Ardea cinerea).









En resumen, mereció la pena el viaje y el madrugón, pero se hubiese agradecido mejor climatología y mayor acercamiento de estas anátidas.

jueves, 4 de enero de 2018

Un día helando y otro sudando

Estamos teniendo un invierno realmente extraño. Mientras escribo esto, hay 22ºC en el exterior de mi casa de Gijón, y eso no es ni medio normal.

Hace aproximadamente un mes, heló bien en Gijón, no es que sea extraño para nada, pero son pocos los días que se hielan los charcos, y cada año menos.








Recuerdo con nostalgia el patio de recreo de mi infancia en los 70 (bueno, con nostalgia en absoluto recuerdo el colegio pero sí el patrón meteorológico que disfrutábamos en invierno).










Era perfectamente normal por entonces que los charcos se helasen, patinábamos sobre ellos, cargados de bufandas, manoplas y verdugos, que hoy en día no hacen falta la mayoría de los días.










Esto ahora sucede 2 ó 3 mañanas al año en mi ciudad, y desaparece el frío no gradualmente, como antaño, si no de repente, en cuestión de horas, por ejemplo para dentro de 2 días estará la nieve a cota de 500 msnm, con bajadas de hasta 12ºC en 24 horas, y esos cambios, repito, no son normales.








Porque ya van al menos 4 cambios de este tipo este año, semanas de anticiclón y calor real, seguidos de semanas de nieve y viento. Demasiado molesto para todos.










Será que me estoy volviendo un viejo cascarrabias, pero echo de menos los inviernos de antes.

miércoles, 3 de enero de 2018

Un par de zampullines cuellinegros

Es típico de la llegada del invierno que se establezcan en la Playa del Arbeyal de Gijón unos cuantos zampulllines cuellinegros (Podiceps nigricollis).












A principios de diciembre estaban estos 2 ejemplares.











Teniendo en cuenta que en inviernos crudos la cifra se acercaba a la docena de ejemplares, no es gran cosa.

lunes, 1 de enero de 2018

Una espátula bien cansada

Debía estarlo esta espátula (Platalea leucorodia) que nos encontramos sin querer César y yo a finales de noviembre en el Parque Isabel.
















Veníamos en busca de gaviotas anilladas, pero nos encontramos a esta espátula tan cerca y quieta que en principio no nos quisimos acercar más por no asustarla y molestarla.













Pero otros 2 fotógrafos que allí estaban nos explicaron que ya llevaba un buen rato allí y que no se asustaba en absoluto así que decidimos acercarnos más.

















Pocas veces, salvo en zoo, se tiene la oportunidad de fotografiar a esta zancuda tan de cerca, así que le dimos bien al obturador.












Esta jovencita debía venir cansadísima de bien lejos, así que estuvimos un par de minutos admirándola, y visto que anochecía y la espatulina se ponía el gorro de dormir, decidimos marcharnos y dejarla allí muy tranquila









Nos va a costar encontrar una espátula más cerca que ésta.